11 julio 2017

La tristeza está subestimada

"El arte más poderoso de la vida, es hacer del dolor un talismán que cura,
una mariposa que renace florecida en fiesta de colores"
Frida Kahlo


- Che, Dami, ¿escuchaste que te sonó la alarma? ¿Activamos o nos quedamos a dormir?

Felicidad, sí claro. ¿Quién lo duda? Pero la tristeza es igual de importante. Y no se puede elegir. Forma parte del hombre porque la vida es parte del hombre. Porque los otros son nuestra vida. Y porque la vida y los otros a veces nos hacen felices y a veces nos entristecen. Si no, sería un embole. Es más, la tristeza forma parte de la felicidad. Son necesarios los días nublados para disfrutar los días soleados. La lluvia que inunda es la misma que da vida a las flores. Los atardeceres y los amaneceres se retroalimentan hacia el infinito.



- Me duele la cabeza. No sé si tendría que haber salido.

- Tomá una aspirina.

Inclino la cabeza y tomo el agua. Al rato, otro amigo de Dami, me pasa una segunda botella. Más tarde, una tercera.

- Qué amables son tus amigos.

- Después vamos a comprar nosotros.

Una pelota que se pincha. Una final perdida. Una planta que se seca. Un monte que se deforesta. Un hijo que no llega. Una hija que muere. Un trabajo que no se encuentra. Un trabajo que se pierde. Una fábrica que cierra. Un examen que se desaprueba. Un estudio que se debe abandonar. Un auto chocado. Un juguete que se pierde. Una carta que no se escribe. Una novela que tiene un final horrible. Una serie que se destiñe. Un amor que no fue. Un amor que fue. Un hombre que duerme en la calle. Un hombre que tiene hambre, tiene frío y no despertará nunca. Un niño migrante ahogado en la playa. Un niño a punto de ser devorado por un ave de rapiña. Un vaso de leche menos. Un chico que come tierra porque tiene hambre. Una niña que bebe agua contaminada. Una panza llena de lombrices. Un asesinato. Una violación. Un suicidio. Un celular que se estrella. Una bomba que se estrella. El alquiler que sube. Una hipoteca que no se paga. La oportunidad que no llega. La oportunidad perdida. Un padre que se muere. Una abuela que muere. Un órgano que no llega. Una enfermedad que aparece. Un virus que se contagia. Los éxitos que celebran los malos. Las injusticias que sufren los buenos.

- Sonreí, cerrá los ojos, abrazate, zapateá el piso - me explica Dami, mientras yo siento mi sudor más frío y me pregunto qué hace un cumbiero en la pista de electrónica. ¿Alguien se especializa en sociología de la música electrónica? Si por lo menos remixaran a Damas Gratis o Calle 13.

Sacala del ángulo. ¿Cómo no sentir tristeza ante todas estas angustias? Lo triste, lo extraño sería que no la hubiera. El gran problema es que la tristeza está subestimada. En un mundo que nos exige estar sonrientes frente a una pantalla estar tristes es ir contra la corriente. Hoy reconocer la tristeza y la angustia es contracultura. Y está mal no vivir la tristeza porque, simplemente, forma parte de la vida. Porque nos moldea el alma. El viento que arremete contra el árbol hace que sus raíces sean más fuertes. La tristeza nos construye como personas. Es, tal vez, el mejor momento de aprendizaje sobre uno mismo. Y hacia delante nos hace valorar lo bello de la vida. ¿Cómo conocer la felicidad si desconocemos la tristeza? Estamos tristes porque fuimos felices. Estamos tristes para ser felices. La tristeza y la felicidad bailan un tango ad infinitum. ¿Cuántos sentimientos hermosos se esconden detrás de un llanto ahogado? Es más, la tristeza es un momento de creación. No habría canciones si no hubiera tristeza. Ni poemas. Ni literatura. Ni ciencia, aunque no lo crea. La tristeza es aprendizaje y creación. Sólo que hay que trabajarla.

- Mirá esa chica. Esta paradita bailando sola y cada tanto viene un flaco que la besa. Parece un arbolito que cada tanto viene un perrito que le hace pis - La analogía me parece perfecta, aunque no sé por qué la escribo. Me van a decir que soy un misógino del mismo modo que me dijeron que era homofóbico cuando escribí "Los maestros son todos putos".

- ¿Querés más agua?

La foto que acompaña este post es de hace más de 25 años. En Entre Ríos si no me equivoco. Por aquellos años recuerdo había algo que me generaba mucho miedo: que me llevara un OVNI. ¿Usted se imagina lo que debe ser? Tal vez por eso, mi mamá un día apareció con Ami, el niño de las estrellas. Superado ese primer trauma -para usted será algo menor, pero las abducciones pueden ser igual de peligrosas que los baobabs-, hubo otro que me llegó con los años: era el único rubiecito de una familia de morochos y no me parezco ni a mi mamá ni a mi papá. Mire si habré amasado el dolor de la pérdida que hace unos pocos años miraba esta foto en el teléfono y algo pasó. Mi dedo gordo de la mano derecha tapó el flequillo de mamá. Mi dedo gordo de la mano izquierda su boca. Y... me vi muy parecido a mi mamá. Idéntico. Y por supuesto que lloré. No sabría decir si fue de tristeza o de felicidad. Aunque estoy bastante seguro de que fue un poco de ambas. Como le dije: la tristeza y la felicidad bailan un tango.

- Abrí los ojos - me dice mi amigo, mientras me golpea la espalda. ¿Cuánto tiempo habré estado bailando así?

- Estaba escribiendo en mi cabeza, Dami. Me gusta bailar con los ojitos cerrados.

Ya son las 5 de la mañana. La veo a "Arbolito" sentada con la mirada caída. Parece que le llegó su otoño. Que ningún conocido me vea bailando así. Para el segundo semestre mi brote verde será aprender a bailar algo. Tango, murga o flamenco. No sé. Vuelvo a cerrar los ojitos.

- ¡Dejá de escribir!

Y como bailan un tango y como la tristeza es un momento de aprendizaje, cuando mamá murió comprendí dos cosas. La primera de ellas fue que hay muchos acontecimientos que dependen del azar. Una celula que de repente decide multiplicarse. Un, dos, tres: multiplicate. Azar. Elegir una calle -en lugar de otra- puede cambiar nuestra vida. Lo vi bastante rápido, creo, porque unas semanas después de que muriera me entretenía caminando por el medio de la Avenida Hipólito Yrigoyen. La que los lanusenses llamamos Pavón. Un conductor que se quedara dormido en el momento indicado, un mal cálculo a esa hora de la tarde y ¡zas!, a volar. Con 16 años era lo más parecido a tocarle el culo a la muerte. A torearla. "Estoy acá, ¿venís o no?". El segundo aprendizaje fue el dolor de una muerte. En este caso, una muerte que no era evitable. Este aprendizaje duró un poco más porque con los años aprendí que hay un montón de muertes -y un montón de tristezas- que sí son evitables. Comenzando por los chicos que son fagocitados por parásitos. Y como la felicidad y la tristeza se reproducen, comprendí que podemos ser felices colaborando a que haya menos personas tristes. La felicidad es más feliz cuando acompañamos a desarticular las tristezas de los otros. "Las luchas", como lo llamamos. Y hay tantas cosas por hacer. Por suerte hay muchos que han entendido esto.

Son las 7 de la mañana. Hace cuánto no salía hasta tan tarde. Lo bueno de salir en invierno es que a la madrugada no hay ni rayos de sol ni pajaritos. 

¿A qué hora me levanto? A las 13. 

¿Debería escribir ahora todo lo que escribí en mi cabeza durante la noche? No, son las 7 de la mañana, mejor duermo hasta el mediodía y lo escribo mañana. ¿Podré dormir?

Siento mi sudor frío. Miro la hora. Son las 12. Pasaron rápido mis cuatro horas de sueño. 

¿Y ésta que hace acá? ¿Es "Arbolito"? ¿Es nena? Sí, es nena. ¿Le molestará si subo la persiana y escribo? Tiro la correa que chilla. Ni se da cuenta. Veo el cielo nublado. Es domingo y afuera llueve. Qué día más genial para escribir.

El título lo escribí ayer, aunque en verdad lo vengo escribiendo hace 15 años: "La tristeza está subestimada".



Una confesión: dudé bastante en publicar este post porque mezcla algunos sentimientos profundos con algo de ficción. Sin embargo, me crucé con esta entrevista al polifacético Odin Dupeyron que terminó de convencerme. El minuto 6 y el minuto 16 de su charla TED también aplican.

08 julio 2017

Las ciencias, los mundos y las gentes

“Lo que no podemos pensar no lo podemos pensar; 
así pues, tampoco podemos decir lo que no podemos pensar (…) 
Que el mundo es mi mundo se muestra en que los límites del lenguaje 
(del lenguaje que sólo yo entiendo) significan los límites de mi mundo.”

Ludwig Wittgenstein



En su clásico y complejo Tractatus Logico-Philosophicus (1922) escrito bajo el fuego de la Primera Guerra Mundial, el pensador austríaco y discípulo de Bertrand Russell ponía el énfasis en la importancia del lenguaje en la filosofía. Sin embargo, en el marco de la avanzada del Gobierno contra la Ciencia, en general, y de las Ciencias Sociales, en particular, prefiero retomar su análisis sobre el pensamiento: “La figura lógica de los hechos es el pensamiento. (…) La totalidad de los pensamientos verdaderos es una figura del mundo”. Y me permito agregar que los pensamientos no verdaderos también son una figura del mundo. 


Esta introducción para clarificar el primer punto de partida: nuestros mundos se construyen de pensamientos verdaderos y falsos, y también de lo que conocemos y, por supuesto, lo que desconocemos. De este modo, nuestras conversaciones y debates sobre “la realidad” van a estar enmarcados en los límites de nuestro lenguaje que serán los límites de nuestros mundos. Y es justamente éste el segundo punto de partida: las Ciencias Sociales son relevantes porque nos brindan conocimientos sobre diferentes ámbitos de la realidad. Y esos nuevos conocimientos amplían nuestros horizontes y reconfiguran nuestros mundos.

Hasta aquí está todo muy bonito e imagino que el cientista social que nos esté leyendo estará muy contento, pero justamente a esta altura me gustaría señalar el problema que observo: la sociedad precisa tener conocimiento de esos nuevos conocimientos, algo que me cuesta creer que suceda.

En su trascendente trabajo La estructura de las revoluciones científicas (1962), el filósofo de la ciencia Thomas Kuhn describe una particularidad de las comunidades científicas que nos permite iniciar una respuesta a la falta de acceso de los ciudadanos al conocimiento producido: el aislamiento de los investigadores de las exigencias de los ciudadanos y la vida diaria. Si bien para el autor esto es lo que permite a los científicos concentrar la atención y lograr un alto grado de eficiencia -y probablemente tenga razón-, este artículo prefiere poner el foco en la distancia que los separa de la gente. Explica Kuhn: “No hay otras comunidades profesionales en las que el trabajo creador individual se dirija y se avalúe de manera tan exclusiva por otros miembros de la profesión. El más esotérico de los poetas o el más abstracto de los teólogos está muchísimo más preocupado que el científico por la aprobación por parte de las personas comunes de su trabajo creador, si bien tal vez esté menos interesado por la aprobación en general”. 

¿A qué queremos llegar entonces? A que si el Gobierno decidió enfrentar a las Ciencias Sociales es porque o bien no considera su conocimiento relevante para el país o bien considera que el conocimiento de los cientistas sociales son un adversario político. Y, especialmente, que si logró enfrentarlas con relativo éxito es porque, en muchos casos, las Ciencias Sociales están tan alejadas de la sociedad, que la misma sociedad para la cual producimos el conocimiento con el objetivo de ampliar su horizonte no tiene conciencia ni de nuestra existencia ni de la importancia de las Ciencias Sociales para solucionar los problemas que le complican la vida diaria. O, peor aún, si llegaran a tener acceso a nuestras investigaciones, probablemente no nos entenderían. O caerían en cuestionarnos desde la más profunda ignorancia como ocurrió en el pasado diciembre negro cuando decenas de argentinos salieron a criticar a los científicos a través de las redes sociales. ¿Qué otra razón que el desconocimiento sobre el rol de la ciencia en el desarrollo para que un tipo salga a criticar a los científicos de un país?

Pero seríamos muy injustos si saliéramos a señalar con el dedo a ese tipo que, a partir del límite de su mundo, simplemente fue manipulado para salir a cuestionar algo cuya naturaleza desconoce. Lo que sí es justo es criticarnos a nosotros por el hecho de que nuestros escritorios, nuestros trabajos de campo, nuestras computadoras y nuestros egos estén a kilómetros de la sociedad que pretendemos contribuir a mejorar. ¿Cómo puede ser que un gobierno tan adverso al pueblo y unos trolls que no existen estén más cerca de ese pueblo que nosotros?

Y si tenemos la responsabilidad, por supuesto que también tenemos la solución. Abramos las ciencias sociales. Hagamos nuestras tesis, enorgullezcámonos de nuestros títulos, firmemos nuestros libros, publiquemos nuestros artículos en las revistas que lee una minoría y expongamos nuestros papers en congresos. Claro que sí. Pero también acerquemos ese conocimiento a la gente cuyos mundos queremos mejorar. Si no vienen a nosotros, vayamos nosotros a ellos. Vayamos a sus radios y canales de televisión, tanto comerciales como comunitarios, ningún espacio puede ser desestimado. Si la religión lo hace, prediquemos nuestra ciencia en las plazas. No demos clases públicas solo cuando hacemos paros. Y si, supuestamente, se ganan elecciones por las redes sociales, ¿cómo vamos a dejar ese campo por explorar? 

En el Tractatus, Wittgenstein también decía que el mundo es independiente de nuestra voluntad, pero también afirmaba que “lo que es pensable es también posible”. Nuestra voluntad de que la ciencia sea uno de los motores del desarrollo en Argentina ha chocado frente a un gobierno que optó por desfinanciarnos primero y deslegitimarnos después. Pero tenemos algo a nuestro favor: el conocimiento. Hemos estudiado el pasado, observamos continuamente y desde diferentes ángulos el presente, y sabemos que la voluntad de los pueblos libres ha torcido muchas veces los destinos inciertos y oscuros de las naciones. Frente a esto tenemos dos opciones. O explicarle a la sociedad la importancia de la ciencia y persuadir como la gota que erosiona a la roca; o seguir en la soledad y el aislamiento de nuestros libros y egos. Ya sabemos a qué conduce cada camino.

Que el aislamiento mejore nuestra eficiencia y legitime nuestras investigaciones frente a los colegas. Y que nuestra apertura le explique a la sociedad la importancia de la ciencia y, de yapa, mejore sus mundos. Demos clases en la tele como Adrián Paenza, expliquemos ácidamente el mundo en 140 caracteres a lo Gerardo Aboy Carlés, demos cátedra en revistas académicas para la gente que no es como uno tal como hace Pablo Semán, debatamos con necios como Alejandro Grimson, multitaskeemos sobre relaciones bilaterales como Leandro Morgenfeld y subamos nuestros gráficos en Facebook para explicar la economía como Daniel Schteingart.

Abramos las ciencias sociales o sigamos mirando el mundo desde la cima de nuestra torre de marfil y observemos cómo somos derrotados en nuestra egocéntrica soledad.

* Publicado en la Revista Épocas N°4 "De teólogos y cenicientas. La investigación social frente al ajuste" (junio 2017).

24 junio 2017

El orgullo de haber votado hambre

La Argentina hoy tiene un problema que pocos se lo van a decir: hablamos de nombres en lugar de ideas; hablamos de candidatos en lugar de proyectos y propuestas políticas y, peor aún, hablamos de personas que se oponen a otras personas. Por eso la importancia de los "ismos", pero, más aún, de los "anti".

En política, hay un problema que nadie comenta, pero que a mí me parece cada vez más importante: la honestidad intelectual. O sea, la falta de honestidad intelectual. No nos hacemos cargos de nuestros errores y nos embanderamos en objetividades que no existen.

No haga segundas o terceras lecturas. Sólo buscaba una imagen amarilla. Fuente: Pixabay.com

Todo esto viene hace ya bastante tiempo, pero se ha acentuado en los últimos años con la llamada grieta. Una grieta de personas, mas no de ideas. Porque vaya a preguntarle a la gente si está a favor o en contra del hambre o de la inseguridad.

Entonces, discutir nombres es un modo de no discutir ideas.

¿A quién le conviene no discutir ideas?

¿A quién le conviene que usted crea que sólo hay dos candidatos para elegir?


Vamos de nuevo. En política, hay un segundo problema: la falta de honestidad intelectual. Y, con ella, el orgullo. El mejor aliado para no reconocer nuestros errores. Nuestras malas elecciones a partir de nuestro desconocimiento. Y el problema del orgullo, de no decir "me equivoqué", es que sólo puede empeorar. Y obliga a las almas bellas a defender acciones que nunca apoyarían.

¿Cómo una persona de buen corazón va a defender que le sacan una pensión a un discapacitado?

¿Cómo defender el aumento de las personas que viven en la calle?

¿Cómo defender la caída del consumo del pan, de la leche y de la carne?

¿Cómo defender que le quiten los remedios a una abuela que cobra la mínima?

¿Cómo defender que le bajen el salario a un maestro?

Y vamos de nuevo, el voto anti-lo-otro termina siendo una argumentación para validar que se va a elegir a una Argentina que desocupa, que excluye y que hambrea. Una Argentina que mata. Porque el que no trabaja se excluye, el que se excluye no come y el que no come se muere. 

La corrupción mata. Y la exclusión, también. Y si no lo sabe, sépalo.

Sin embargo, por suerte, el orgullo tiene un antídoto: el reconocer.


                                                                                              El hacerse cargo de que nos equivocamos.

                                                        Que elegimos mal.

Que no sabíamos.

                                 O que les creímos.

                                                                  No es tan malo no saber.                 

                                                                                                              Ni es tan malo creerle a alguien.

Lo único malo es no reconocer el error. 

                                                                   Por orgullo.                             


Los momentos de decisiones siempre son momentos importantes. Tal vez porque las decisiones del presente siempre nos parezcan más importantes que las del pasado, éste es un momento demasiado importante. Porque nos va a marcar cuán horrible será el 2018.

Y también será importante porque vamos a tener que elegir un valor que va a marcar nuestros próximos años: si estamos de acuerdo -o no- en arrojar a la miseria a una parte no menor de los argentinos.

Tal como ocurrió en el último año.

Y vamos de nuevo: ¿a quién le conviene que usted crea que sólo hay dos candidatos para elegir?

27 mayo 2017

El pensamiento crítico y la necesidad de una autocrítica

Durante todo 2016, quienes defendemos el rol del pensamiento crítico como herramientas de transformación esperamos dos autocríticas. En primer lugar, la del kirchnerismo, cuya voracidad de poder, corrupción y autoritarismo terminó haciendo naufragar un proyecto que nació bajo las premisas de la transformación social y la mejora de la calidad de vida de las mayorías. En segundo lugar, la de los amigos que apoyaron enceguecidamente al actual presidente, desconociendo profundamente quién era Mauricio Macri e ignorando la historia política y económica reciente. Creo no es necesario -o sí- recordar sus cuestionamientos a nuestras advertencias sobre el aumento del hambre, la pobreza y la desigualdad bajo el retorno del modelo neoliberal y sus burlas sobre una supuesta "Campaña Bu". Su actual silencio es conveniente para todos.

Sin embargo, seríamos muy soberbios si no reconociéramos una tercera autocrítica. Y es la nuestra.

¿Cuál sería esa tercera autocrítica? La del pensamiento crítico, la de las izquierdas, la del progresismo. La de quienes decimos representar discursos de equidad y solidaridad que permitan construir sociedades más justas. ¿Por qué una autocrítica? Porque mientras le contamos las costillas al Gobierno de Cristina Kirchner por la corrupción y las inequidades que se iban gestando en su segundo mandato tras años de crecimiento económico, no percibimos cómo la élite económica y el poder mediático iban construyendo a su propio candidato bajo el marketing, la propaganda disfrazada de periodismo y el engaño.

Hay que reconocerlo, aunque nos duela: en nuestra (válida) crítica al kirchnerismo fuimos funcionales a la vuelta del neoliberalismo a la Argentina. 

Nos equivocamos cuando creímos que después de lo vivido en el período 1976-2001 (con la salvedad del Gobierno de Raúl Alfonsín), los argentinos habíamos aprendido la lección y nunca más un gobierno para pocos podría volver a gobernarnos. Nos equivocamos al creer que todos sabíamos la historia de los últimos 30 años y que si se le deja al mercado que haga lo que quiera aumenta el desempleo y la pobreza y el hambre y la desigualdad y todo eso que nos llevó a 2001. Nos equivocamos al creer que todos éramos conscientes de lo malo de aumentar la deuda desconsideradamente.

Nos equivocamos al creer que la política de Derechos Humanos era un consenso y que la mayoría del pueblo argentino estaba orgulloso de nuestros juicios de lesa humanidad. Bueno, tal vez después de la marcha contra el 2 x 1 a genocidas, no estemos tan equivocados... Pero cuánta agua corrió bajo el puente en el último año y medio  por parte de los funcionarios y de los familiares de los represores hasta esa histórica movilización.

Nos equivocamos al creer que estábamos de acuerdo en que la industria, la ciencia y la educación pública debían ser los motores de nuestro desarrollo en lugar de la teoría del derrame, las ganancias exorbitantes para una minoría y la bicicleta financiera.

Y nos equivocamos al creer también que la crítica de nuestros periodistas "no-militantes" era una crítica que trascendía a un gobierno y que iba a permanecer viniera quién viniera. Tal vez hayamos sobrestimado la capacidad para reconocer las operaciones periodísticas, mientras subestimamos el poder de la alianza entre corporaciones-gobierno-medios para construir una agenda de noticias conveniente con sus intereses.

Nos equivocamos mucho. Y fuimos funcionales a la llegada de un gobierno para pocos. Aunque no lo hayamos deseado, también somos responsables de la situación actual.

El pensamiento crítico avanza por la autocrítica. Y en el reconocimiento de sus errores no se estanca. Al contrario, crece. Tal vez, las nuevas generaciones formadas en el pensamiento crítico hayamos tenido que pasar por esto para seguir repensando un modelo de desarrollo hacia el futuro.

Afortunadamente, de todo se aprende.

18 mayo 2017

Temer al neoliberalismo

Con la victoria electoral de Mauricio Macri en Argentina en noviembre de 2015 y el golpe institucional de Michel Temer y Eduardo Cunha en Brasil en mayo de 2016, el modelo neoliberal volvió a tomar impulso en la región tras su hegemonía en el último cuarto de siglo XX.

De este modo, un año después del impeachment, la caída del corrupto Michel Temer no es sólo una derrota de la élite económica brasileña -que es la más rancia y racista de la región-, sino de toda la élite regional que apoyó este golpe comenzando por la Argentina que fue la primera en avalarlo.

Así lo titulaba el diario español El País: "Macri, gran apoyo de Temer en un continente en pleno giro ideológico". Por su parte, la Canciller, Susana Malcorra, señalaba: "Ante los sucesos registrados en #Brasil, el Gobierno Argentino manifiesta que respeta el proceso institucional que se está desarrollando".

"Al presidente de Brasil, que me quería hacer un regalo por mi cumpleaños (mañana), le pedí que sea una agenda concreta para poder desarrollar ambos países", reveló Macri. Fuente: Big Bang News.

Un año después las cosas cambiaron. Miren qué "sorpresa": mientras los medios "independientes" te reventaban la cabeza con Venezuela, cayó Temer. Una sorpresa... ¿Una sorpresa? Si Temer es un aliado de Macri y Nicolás Maduro es un enemigo político, ¿a quién beneficia que los medios te repitan todo el tiempo el desastre de Maduro? ¿A quién beneficia que los medios hayan escondido la catástrofe de Temer? ¿Usted se enteró de la enorme huelga general de Brasil del 28 de abril? ¿Hoy los medios argentinos le hablan de la alianza regional entre Temer y Macri? Le voy a decir algo que los medios nunca dicen cuando hay una protesta contra el Gobierno de Cambiemos: "Éste es un año electoral".

¿Qué pasó ayer? El poderoso multimedios O Globo dio a conocer una grabación en la que un empresario recibía dinero de Temer para silenciar a Cunha que está en prisión.


Los invito a hacer unas lecturas:

A. Brasil es la economía más grande de Latinoamérica, pero también es una de las más desiguales. ¿Qué significa esto? Que hay poquitos muy millonarios y muchos muy pobres. Crecimiento económico no significa ni desarrollo ni vivir bien. En este marco, ¿qué hizo Lula Da Silva? El gobierno de Lula no fue formidable, pero, simplemente, distribuyó un poco de dinero entre los más pobres. Y para los más humildes que siempre fueron invisibles para el Estado, eso es un montón. Mire este mapa electoral de las últimas elecciones: el norte de Brasil, más pobre que el sur, votó por Dilma Rousseff.

Conclusión A: por esto es que Lula tiene chances de volver a ser presidente a pesar de las serias denuncias de corrupción en su contra.

B. Con la vuelta del neoliberalismo a Brasil, Temer, Cunha y Serra les tiraron el ajuste a las clases medias y populares. Mientras aumentó la desocupación y la pobreza, intentaron subir la edad jubilatoria. Hace un mes, una encuesta de Datafolha informaba una aprobación del 9% y un rechazo del 61%. Igual o peor que el Gobierno de Nicolás Maduro.

Conclusión B: por esto es que Lula tiene chances de volver a ser presidente a pesar de las serias denuncias de corrupción en su contra.

C. Antes del golpe, Michel Temer era el Vicepresidente de Dilma Roussef. Mientras que en los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), el partido de Lula y Dilma, hubo corrupción.

Conclusión C: si los Gobiernos posneoliberales -aquellos que los medios suelen llamar "populistas"- realmente quieren ser transformadores no pueden pactar con partidos neoliberales ni ser corruptos. Si regresa al poder, Lula tiene la posibilidad de modificar esto.

D. La denuncia contra Temer la hizo O Globo, el Clarín de Brasil y uno de los principales arquitectos del golpe de Temer y Cunha contra Dilma. El apoyo de los medios dominantes a los gobiernos antipopulares no es ad infinitum, sino mientras les es conveniente. En su última editorial, O Globo es clarísimo: "Este jornal apoiou desde o primeiro instante o projeto reformista do presidente Michel Temer".

Conclusión D: el riesgo de los gobiernos que favorecen a las minorías en detrimento de las mayorías es que terminan dependiendo de los medios dominantes. Por esta razón, Macri no para de darle negocios a Clarín: Ley de Medios, 4G, Nextel o el negocio del fútbol. Así, ante el fracaso económico, el Gobierno de Macri es un gobierno débil y debería tomar agenda de lo que está ocurriendo en Brasil.

E. Tras la derrota del banquero Guillermo Lasso en Ecuador frente al candidato de Rafael Correa, la caída de Temer es la segunda derrota del neoliberalismo latinoamericano en el año.

Conclusión E: la victoria o derrota del macrismo en Argentina serán fundamentales para el modelo neoliberal y la correlación de fuerzas en la región.

El 12 de mayo aconteció en Buenos Aires una gran protesta en defensa de la Universidad Pública,
sin embargo para Clarín esto no fue noticia de tapa y describía a Temer como "un giro para Brasil".