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14 abril 2018

Hablando de feminismo en la universidad

Las movilizaciones, las marchas y las protestas son movimientos colectivos de libertad de expresión sumamente poderosos, cuya influencia -como toda comunicación- y consecuencias son impensadas. ¿Cómo no va a influir que cientos o miles de almitas llevemos nuestros cuerpos a un tiempo y espacio determinado para luchar por una causa que consideramos justa?

En el marco del primer Ni una menoscomo docente de periodismo y comunicación del primer año de la Universidad Del Salvador comencé a percibir un interés creciente de las educandas por la equidad de género y las luchas feministas. El interés aparecía en los espacios de debate y, especialmente, en los trabajos prácticos que son una de las tres instancias de evaluación del curso. Cabe destacar también que al ser un primer año de la universidad, la mayoría de mis estudiantes ronda los 20 años.

Creo que fue en 2016 cuando propuse debatir por primera vez sobre el feminismo: "Hace algunos años, caminando con un señor suizo por los yungas de Coroico, surgió el tema del aborto. Tras un largo y respetuoso intercambio él me dijo 'Sea lo que sea, es un asunto del cuál deben opinar las mujeres'". Usted sabe, la sabiduría está presente en todos los espacios y, tras la anécdota, invité a que primero opinaran las mujeres y luego los hombres. Recuerdo que me sentí un trasgresor: por primera vez desde que comencé a ser docente en 2011 un espacio de debate e intercambio de opiniones era dominado por las mujeres.

Pero el movimiento de mujeres argentinas siguió avanzando y volvió a estallar en el espacio público en 2017 con un #8M masivo que se destacó a nivel mundial. Aún no habían comenzado las clases y recordé el libro Mujeres y comunicación prestado por mi brillante ex educanda de la carrera de Publicidad (y ahora amiga) Victoria: es lindo darle mística a las lecturas y mientras las compañeras marchaban, yo leía. 




El resultado no sólo fue incorporar el texto a la cursada, sino también aumentar la bibliografía de autoras mujeres del 4 al 23 por ciento. Sigue siendo poco, pero es un avance y creo que debe ser uno de los programas con más presencia de mujeres. ¿Por qué un avance? Lo explica muy bien la filósofa Diana Maffía en su artículo Epistemología feminista. La subversión semiótica de las mujeres en la ciencia:

"Recibir el aporte de las mujeres (de las diversas mujeres) a la ciencia no sólo es justo para las mujeres, así como eliminar lo femenino del ámbito del conocimiento científico no sólo es una pérdida para ellas. Es una pérdida para la ciencia y para el avance del conocimiento humano, porque se estrechan los horizontes de búsqueda de la ciencia misma. Y es también una pérdida para la democracia, porque todo intento hegemónico (también el del conocimiento) es ética y políticamente opresivo".

De este modo, un paso cuantitativo, se transformó en uno cualitativo, y con esta nueva bibliografía en el programa de Teoría de la Comunicación de 2017 volvimos a debatir sobre feminismo. Y lo mismo volvió a suceder este año donde leímos y conversamos este tema con cuatro cursos. Es decir que vengo escuchando y leyendo a decenas de mujeres en los últimos tres años opinar y escribir sobre estos temas.

Como soy gramsciano y creo en la importancia de que los movimientos sociales irradien más allá de su núcleo movilizador no sé si coincido en que los hombres no podemos opinar. Siguiendo a la filósofa y profesora de la Universidad de California en los Ángeles Sandra Harding: "Es evidente que ni la habilidad ni la disposición de contribuir con el pensamiento feminista son rasgos asociados con el sexo. (...) Sería una excentricidad histórica la exclusión de facto de todos los miembros del 'grupo opresor' de la lista de quienes contribuyen a la emancipación de las mujeres".

Lo que sí creo es que antes de opinar, tenemos que escuchar. El feminismo es transgresor y disruptivo en dos aspectos: las mujeres nos enseñan a los hombres (lo cual rompe con la histórica relación de poder en tanto la construcción de conocimientos), mientras que los jóvenes nos enseñan a los adultos. Es decir: si los profesores hombres incluimos este tema en el aula, las alumnas nos enseñan a los docentes.

De este modo, no pretendo escribir para enseñarle nada a ninguna mujer -que bien representadas están en la academia, el periodismo y las redes sociales-, sino para compartir con colegas y hombres colonizados por el patriarcado (sugiero la página de Instagram Charla con raúles) algunas lecturas y aprendizajes. 

🌕 Muchas mujeres nos tienen miedo. Especialmente cuando caminan solas por la calle. Por más "bien vestidos" que estemos, escuchar pasos cercanos en una calle vacía les da terror. Seguramente un hombre me dirá que también tiene miedo de caminar por la noche en la calle. Bueno, a ese miedo a que nos roben, a las mujeres se les suma el miedo a una violación.

🌕 A algunas mujeres también les da miedo tomarse un taxi porque están solas con un hombre encerradas en un auto. Varias de ellas han tenido comentarios impropios: desde un "¿te molesta si me masturbo mientras hablamos?" hasta un incómodo "qué bonita que sos". Por eso muchas prefieren toman un Uber. O cuando vuelven de bailar la última debe escribir que llegó bien a su casa.

🌕 Todas las mujeres reciben piropos. Y a muchas (tal vez la mayoría) les molesta. No es como dice el conductor Mariano Iudica (devenido en un conductor militante del oficialismo) que a las feas no les gustan los piropos. Al contrario: los piropos les molestan más a quienes más reciben piropos. A mí que soy hombre me silbaron una vez desde un auto y me sentí un campeón, pero imagínese usted, varón, recibir comentarios de hombres que no le interesan todo el tiempo. Es más, ya les molesta que las miren en todas las calles. Una educanda me dijo: "Yo directamente camino mirando para abajo para no ver a los ojos a nadie". Un estudiante me citó a Alejandro Dolina para señalar que el piropo no busca seducir a una mujer, sino seducir a los hombres que lo rodean. Mientras que una estudiante contó que una vez la "piropeó" un hombre acompañado de su esposa y bebé, lo cual es, antes que nada, una acto de violencia simbólica hacia su novia que lo acompañaba.




🌕  Frente a este ejemplo, una educanda agrega algo que no había apreciado: en "Polémica en el Bar" Virginia Gallardo es la única mujer del programa y no participa del debate de los hombres, sino que es una espectadora que observa y escucha sentada. La opinión es un privilegio del patriarcado. Además, la actriz viste atuendos que colocan a la mujer como un objeto de deseo. Estas situaciones fomentan la imagen de una mujer cuya función es servir a los hombres y ser atractiva. 

🌕  Siendo un curso de Teoría de la comunicación, emerge la problemática en los medios. Mientras muchas estudiantes se forman (por lo menos) durante tres años, los medios eligen a comunicadoras que no han estudiado, sino que se destacan por su belleza o su físico. Es más, cuando se convoca a especialistas para opinar de temas como política o economía, los entrevistados suelen ser hombres.

🌕  Varias alumnas explican que mientras ellas colaboran con los trabajos domésticos como cocinar, lavar o limpiar sus hermanos no. Creo que aquí ha habido un cambio importante en los últimos años que ha llegado a la publicidad. Sin embargo, que las estudiantes lo señalen significa que ya no lo ven como algo natural -como ocurría en el pasado- y que difícilmente esto se replicará cuando formen una familia en el futuro. De más está decir que este trato desigual también puede verse en las salidas nocturnas.

🌕  Hablar de cómo van vestidas las mujeres forma parte de la prehistoria. Ni se discute. Obvio que si lo decís se van enojar, Nico Repetto. Agradézcale que su compañera Milva Castellani se contuvo de cruzarlo fuerte ante la barbaridad que dijo. Pienso que esto es básico, pero me entero de que un profesor hombre dijo que si las mujeres se vestían "provocativamente" por la calle, después no debían quejarse si les pasaba algo. Y que cuando las estudiantes lo cuestionaron, algunos de sus compañeros las trataron de "feminazis". Por supuesto que no se los dijeron de frente, sino... por el grupo de hombres del curso de whatsapp.




🌕  Las alumnas explican y el boliche es uno de los principales ejemplos: "Cuando un chico te viene a encarar y les decís que no, insiste. El mejor modo de que se vaya es decirle que tenés novio. Es decir, te dejan de molestar no porque respetan tu opinión, sino porque le tienen miedo a otro hombre".

🌕  Como la bibliografía está copada por hombres, por default los estudiantes creen que los apellidos corresponden siempre a autores, a menos que el profesor precise que el texto corresponde a una mujer. Esto no me lo dijo un alumno, sino una alumna.

🌕  Las estudiantes más grandes pueden dar ejemplos de cómo su condición de mujer las afectó en su crecimiento profesional. Una de ellas me explicó que era la más capacitada para un cargo, pero que la descartaron por el sólo hecho de ser mujer.

🌕  Pregunto quién lloró en el último año. Levanta la mano todo el curso. Confieso que pensé que -por prejuicio sobre "la vergüenza masculina"- sólo iban a levantar la manos las mujeres. Entonces, si todos lloramos, ¿por qué a los niños varones nos enseñan que "los hombres no lloran"? ¿Por qué cuando nos pegan una patada y nos duele los adultos nos piden a los niños que seamos hombres? Un alumno agrega: "Si llorás te dicen que sos un maricón". El patriarcado no sólo afecta a las mujeres, sino también a los hombres: desde chicos nos enseñan a inhibir nuestros sentimientos porque "somos el sexo fuerte". Ridículo. Las mujeres nos enseñan siempre: no sabría esto si Vanessa no me hubiera hecho ver The mask you live in.




🌕  Las conversaciones a veces toman una profundidad inimaginable. En una oportunidad, mientras un grupo de estudiantes hombres señalaba que las mujeres buscaban la igualdad, pero que después disfrutaban de entrar gratis al boliche, una estudiante refutó: "Eso también es machista porque nos cosifica a las mujeres como un objeto de consumo y deseo para atraer a hombres". Tomá mate. 

🌕  Publico en una historia de Instagram que mi perrita "se hizo señorita". Una ex alumna me pregunta si no es un poco patriarcal la expresión. Le respondo que no lo veo así. Pero su segundo argumento me convence: "Menstruar no te hace señorita. Una mujer es mujer desde el minuto uno que tiene vagina o cuando considera que el sexo femenino la representa. Decir 'se hace señorita' reconoce la condición de mujer recién cuando puede reproducirse. Una mujer es mujer más allá de que se reproduza". Me responde que empatamos porque su primer argumento no me convenció, pero se equivoca: ganamos los dos porque cuando se comparte el conocimiento todos ganamos. Ganamos todos cuando en un debate uno reconoce que está equivocado o que el argumento del otro es mejor, y cambia su opinión.

🌕  En una oportunidad un alumno osó decir que las tareas domésticas eran naturales para las mujeres. Acto seguido, varias compañeras desfilaron para explicarle que no era así y que esa era una actitud machista. Dudo que el alumno siga pensando igual después de esa clase y probablemente en un futuro recordará lo útil que le fue ese momento en su construcción personal. Y de más está decir que es necesario que estos temas sigan llegando a la publicidad: observe la publicidad de Mr. Músculo en 2008 y la publicidad de Mr. Músculo de 2017 en Colombia donde Samanta no sólo limpia, sino también trabaja (¡guau!) o esta realmente anti-patriarcal donde Rubén limpia. ¡Gracias Mr. Músculo! Pero mejor aún: ¡gracias Zona Jobs




🌕 Es verdad que también afloran los cuestionamientos hacia posiciones más extremas como aquellas mujeres que pintan las iglesias o escriben "muerte al macho". Incluso una alumna diferenció entre "feminismo" y "hembrismo". Tal vez allí sea necesario una discusión dentro del movimiento de mujeres. Sin embargo, otras alumnas explican que "muerte al macho" significa muerte al machismo, a su vez, que explican que el debate es más profundo y el feminismo no es lo opuesto al machismo y no busca oprimir a los hombres, sino que busca la equidad, es decir, no seguir siendo subalternizadas por el patriarcado, cuya expresión extrema son los femicidios, pero que se dispersa en un montón de micromachismos en la vida diaria.

🌕  En una oportunidad, me preguntaron que pensaba sobre la legalización del aborto, respondí que era un tema que me generaba incomodidad. Tiempo después lo hablé con alumnas en dos oportunidades. La primera vez, en un curso de seis mujeres: el mini-grupo se polarizó en tres y tres. Las más apasionadas eran dos chicas que habían tenido una formación católica y estaban en contra. Me vi reflejado hace una década. 

🌕  La segunda vez fue con dos alumnas mamás fuera de la clase. Me contaron que sus familias las llevaron a una clínica clandestina, les ofrecieron misoprostol y les dijeron que luego debían ir a un hospital público, pero ellas se negaron. "Yo estoy en contra del aborto, pero a favor de que quien quiera hacérselo se lo haga", coincidieron para mi sorpresa. Les respondí que eras las primeras conocidas que me hablaban de la posibilidad de hacerse un aborto. Mi colega intervino: "Dami, seguro conocés a una mujer que se hizo un aborto, pero vos no lo sabés. Todas saben dónde están las clínicas clandestinas".

🌕  Juli tiene razón, no sé de alguien que se haya hecho un aborto, pero sí de una persona que acompañó a una conocida suya a hacerse un aborto. "Nos tomamos el tren y fuimos con mi amiga al doctor que me hizo lo tres partos", me cuenta... mi abuela Argentina. Una vez más: debatir estos temas nos eleva como sociedad y nos hace conocer cosas que ignorábamos completamente. Le pregunto a mi abuela de 90 años qué opina sobre la legalización y no quiere opinar, pero agrega: "El aborto existió siempre y va a existir toda la vida".

🌕 El tema desborda y a veces llega a Judith Butler, el cuestionamiento a la heteronorma y la diferencia entre sexualidad, genitalidad e identidad de género. O algo así: sabrán disculpar, pero aún me falta aprender. Hablamos de los baños mixtos. Un estudiante hombre comenta que en Estados Unidos un amigo suyo tiene una profesora transexual: les pidió a sus alumnos que no se refieran a ella ni por "she" ni por "he", sino por "they". Tal vez sea una buena sugerencia para el irrespetuoso y prehistórico Jorge.




🌕 Hablar del feminismo en el aula puede ser un tema que incomode. Especialmente por la cantidad de estereotipos y barbaridades que han dispersado los medios masivos en el sentido común. Sin embargo, el movimiento tiene la fuerza de la argumentación con marcos teóricos sólidos que se vislumbran en innumerables experiencias en la vida diaria.

🌕 Sin embargo, lo más importante que he percibido en estos últimos tres años es que las jóvenes educandas están empoderadas. Toman la palabra, discuten los expresiones machistas y varias se definen sin miedo como feministas. No es casualidad que la lucha por la legalización del aborto esté empujada por mujeres jóvenes y que la oposición venga del lado de la iglesia y las mujeres adultas. 

🌕  Pero no solapemos este avance únicamente a las mujeres: con el correr de los años los alumnos hombres escuchan y preguntan más. Son más conscientes que los adultos hombres de que el patriarcado ha construido una sociedad opresiva con las mujeres y, sobre todo, injustoY cuando uno percibe la injusticia, cuando la visualiza y la pronuncia, ese mundo es susceptible de transformación.

Tiene razón la profesora Tajahuerce Ángel al decir que las universidades de periodismo debemos formar a nuestros estudiantes con perspectiva de género. Se puede observar en los tres ejemplos que hemos seleccionados. Pero citémosla mejor a ella:

"La formación de profesionales de la comunicación, al igual que ocurre con la educación infantil, tiene especial trascendencia porque es imposible contar lo que no se sabe, aquello que jamás se ha leído, lo que nunca se ha visto y, mucho menos, lo que se ha mirado desde una perspectiva diferente. No se puede transmitir al resto de la sociedad lo que se ignora. Periodistas, cineastas, guionistas, transmiten estereotipos de género debido a que no recibieron la formación adecuada para cuestionar las relaciones de poder, el comportamiento y las actitudes de hombres y de mujeres, la desigualdad y sus causas. Ni tan siquiera perciben que ellas no están en los libros de texto ni en la historia del pensamiento, ni del arte, ni de la literatura, tampoco en la teoría de la comunicación, ni en la historia del periodismo o del cine. En su proceso de formación, las mujeres no existen, y por tanto, se deduce que no existieron mujeres relevantes o que directamente no formaron parte de la historia. Lo que no existe o no se puede contar, y es difícil preguntarse por lo inexistente".

17 marzo 2017

Las mujeres y la universidad

A diferencias de otros hombres que prefieren hacer oídos sordos, otros escuchamos.

Con el ruido del "Ni una menos" de 2016, los profesores de Teoría de la Comunicación de la Universidad Del Salvador las escuchamos y nos interpelamos. Y decidimos hacerlo reviendo nuestro programa de la materia. El resultado fue, por lo menos, "llamativo": de los 25 textos que utilizamos sólo uno había sido escrito por una mujer, Beatriz Sarlo. De este modo, solamente el 4% de nuestra bibliografía era de autoras mujeres.

Como dije, algunos hombres escuchamos. Y durante la marcha del #8M, mientras ustedes marchaban, nosotros optamos por acompañarlas desde la academia. Mientras ustedes luchaban por sus derechos en la calle, nosotros hicimos alguito desde nuestra materia. En 2017, la cantidad de autoras mujeres de nuestro programa llega al 23%, tras haber sumado a la profesora de teorías de la comunicación Alicia Entel, a la especialista en agenda setting Natalia Aruguete, a la autora de Política pop, Adriana Amado, y la española que estudia a la televisión Laura Bergés. Desde ya que el 23% sigue siendo poco, pero para un programa "hombrecéntrico", la incorporación de las mujeres ha sido un avance que esperamos ampliar en el tiempo.

Tiene razón la profesora de "Comunicación y género" de la Universidad Complutense de Madrid Isabel Tajahuerce Ángel que también incorporamos al programa: "La universidad forma a profesionales de todas las áreas del conocimiento, transmitiendo ideas, pensamiento, valores, y un saber amplio que resulta sesgado cuando elimina sistemáticamente al 51% de la población mundial de los libros, de los manuales de estudio, de las reflexiones, del debate y de los contenidos que se difunden en las aulas".

Evidentemente, el patriarcado también se extiende sobre la academia. Y también contamina nuestros programas. Las especialistas están. Sólo hay que llevarlas a nuestras currículas y cátedras.

A diferencias de otros hombres que prefieren hacer oídos sordos, otros escuchamos. Ustedes sigan luchando en las calles, nosotros aprendemos y las acompañamos desde la academia.

Vivian Malone Jones, la primera universitaria negra de Estados Unidos en 1963. El presidente Kennedy decía: "We owe them -and we owe ourselves- a better country".




























Un comentario final: "Dami, los medios masivos convocan en su mayoría a especialistas hombres, marginando a las mujeres de la opinión y el pensamiento", me comentó mi amiga Laura hace un tiempo, llamándome la atención sobre el tema. Años más tarde, mi ayudante de cátedra Victoria me prestó de prepo el libro Mujeres y comunicación, coordinado por Isabel Tajahuerce Ángel, el cual citamos en este post y también sumamos al programa. El conocimiento es una construcción colectiva y, Lau y Vicky son la razón de esta reflexión y acción que comparto.

16 octubre 2016

Gente de la calle: 46 entrevistas

Desde hace cuatro años, mis estudiantes de primer año de periodismo de la Universidad Del Salvador hacen entrevistas con gente en situación de calle. Las hacen después de una primera práctica con un deportista o artista -profesional o amateur- y es una de las 10 entregas cuatrimestrales. Este año las entrevistas realizadas y corregidas fueron 46.

Los objetivos son tres: a. practicar la técnica de la entrevista, b. conocer una realidad ajena a jóvenes de clase media, c. borrar algunos de los prejuicios que todos llevamos sobre lo desconocido y d. compartir la sensibilidad para que el día de mañana puedan visibilizar estos temas dentro de las agendas mediáticas.

Si bien los estudiantes siempre se muestran reacios a la actividad cuando doy la consigna -lo cual se percibe en las caras-, a la semana siguiente siempre sucede lo mismo: todos quieren compartir su experiencia.

Por mi parte, me gusta corregir esos trabajos por dos razones: a. cuando leo las preguntas y las respuestas intento recrear la situación y pensar qué habrá pasado por sus mentes -e imagino que difícilmente uno puede seguir siendo el mismo-, y b. me permite hacer lecturas sobre el tema y continuar entendiendo.

Una de las conclusiones más claras -que también comentan los especialistas- es que todas las personas en situación de calle rompieron sus vínculos con sus familiares y amigos. Si alguno de nosotros le fuera mal económicamente, automáticamente recurriría a un conocido, en cambio ellos perdieron esos vínculos. De hecho, muchos no son de la Ciudad de Buenos Aires.

En segundo lugar, muchos están en la calle desde la crisis de 2001. Las crisis del capitalismo no son gratuitas y quien no pudo pagar el alquiler o la hipoteca -ni contar con la ayuda de un conocido- pasó a vivir en la calle. La pregunta sobre la primera noche en la calle siempre tiene la misma respuesta: incertidumbre y miedo.

En tercer lugar, la falta de educación y las adicciones a la droga y el alcohol. Muchos de ellos se cuestionan no haberle dado más importancia a la escuela, mientras que las adicciones son factores de ruptura de los vínculos familiares o de dificultad para sobrevivir el día a día. Esto también se ve reflejado en las respuestas.

Este año me encontré con entrevistas a nuevas personas en situación en calles por dos razones: pérdida de trabajos informales e imposibilidad de pagar el aumento de los precios de las habitaciones de hoteles. Los ajustes siempre se llevan puesto primero a los más humildes.

Y una última triste conclusión es que a la larga la mayoría de ellos se termina acostumbrando a la situación de calle. Casi lo mismo que nos pasa a nosotros que cada vez vemos más gente durmiendo en la calle...

... y no hacemos nada.

30 agosto 2015

¿Por qué indios en la universidad?

“Como indios fuimos colonizados y como indios nos liberaremos”
Grito indianista en la Bolivia de la década del ‘70

Los días 13 y 14 de mayo la Universidad del Salvador volvió a dejar su color verde institucional para -al tono de la wiphala- volverse multicolor: por segundo año consecutivo los pueblos originarios y, artistas y cientistas sociales que acompañan sus reivindicaciones volvieron a estar presentes en lo que los organizadores gustamos de llamar las Jornadas Indígenas USALTuvimos una linda convocatoria con mesas conformadas por personalidades tan heterogéneas como Félix Díaz, Leandro Despouy, Charo Bogarin, Relmu Ñanku, Alcira Argumedo, Gabriel Levinas o Miguel Ángel Forte. Pero lo más importante estaba más allá. Nuestros pueblos tuvieron un espacio en la academia. Lejos de la mediación, la invisibilización o los recortes de lo medios de comunicación masivos; tenerlos ahí, escucharlos directamente, conocer sus problemas y vivir sus dolores.

Ahora bien, ¿por qué pueblos originarios en un ambiente académico frente a educandos que desconocen sus problemáticas? Justamente esa es la pregunta que nos lleva a escribir este artículo.

Félix Díaz, Qarashe de la Comunidad Qom Potae Napocna Navogoh y una de las principales voces de los pueblos indígenas. Acompañado por Relmu Ñanku de la comunidad mapuche Winkul Newen, y el titular de la APDH La Matanza, Pablo Pimentel.

- Damián, te pregunto lo mismo que a Darío Aranda un tiempo atrás: ¿y vos, por qué acompañás la lucha de los pueblos indígenas?

La pregunta del amigo y entonces titular del Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (ENDEPA), Ponciano Acosta, previa a los preparativos de las I Jornadas Indígenas me descolocó. Me tomé unos segundos para responder. Mi cabeza viajó del bar de la calle Viamonte que uso como bunker académico a mi primer acercamiento con los mineros del cerro rico de Potosí, cuyos rostros, manos y cuerpos de 40 años, en verdad tienen poco más de 20. Y también a ese amanecer en Tiwanaku para vivir la asunción simbólica de Evo Morales rodeado de cientos de representantes de los 36 pueblos indígenas que conforman el Estado Plurinacional de Bolivia. Volví a recordar los dos meses y medio de trabajo de campo en la ciudad aymara de El Alto, rodeado de la hostilidad del terreno, la precariedad y el frío. Viajé nuevamente en “ferrobús” -un colectivo hecho tren que sólo pude entender cuando lo vi- a Charaña, donde presencié cómo mataban una llama para comerla, viví la falta de luz, y aprendí que el monte puede ser un baño de uso diario. Finalmente, la infatigable lucha por la autonomía y la libertad del Ejército Zapatista de Liberación Nacional -los descendientes mayas de las montañas del sureste mexicano- y su dieta a base de café, frijoles y tortillas.

Sin embargo, elegí otra respuesta: “Por la abuela Argentina…”.

Podría decir mucho sobre la abuela Argentina, que para mí es una segunda mamá, pero seré breve. La abuela Argentina tiene 87 años y sus manos son el reflejo de lo mucho que le costó la vida. Es una santiagueña con sangre india que trabajaba en la zafra de azúcar juntando la caña que cortaban sus tíos. Sin goma ni liquid paper borraba mojándose el dedo y a los 18 años viajó a Buenos Aires. Mientras nosotros nos vamos a Bariloche, ella se subía al camión de un desconocido en busca de una vida mejor. La abuela Argentina fue una cabecita negra que ni bien llegada a Retiro se fue a Bernal -¿cómo habrá ido hasta allá en esa época?- a cocinar y limpiar en un caserón. Crió tres hijos a base de mate cocido, huerta y pan, y les inculcó el valor del estudio y el trabajo. Difícilmente yo podría haber estudiado en la universidad sin todo el sacrificio que ella hizo.

Y completé: “Siento que acompañando las reivindicaciones de los pueblos indígenas, de algún modo estoy ayudando a la abuela. Contribuyendo a su lucha, ayudo a quienes sufren lo que mi abuela en otro momento”.


La pensadora Alcira Argumedo, el líder wichi Jorge Palomo y el presidente de la Auditoría General de la Nación, Leandro Despouy.

Y creo que un poco de eso explica la realización de estas II Jornadas Indígenas USAL. En un mundo posmoderno que nos inculca el individualismo y nos enseña que nuestras vidas dependen de nosotros mismos, un grupo de educadores y educandos conformamos un colectivo y, nos comprometimos a difundir el sufrimiento y las luchas de nuestros pueblos originarios. Todos nosotros venimos de familias con sangre indígena o sangre europea, a quienes la vida no les fue fácil. Desde la resistencia o el desarraigo, muchos de nuestros antepasados tuvieron una vida de sacrificio para darnos la posibilidad a nosotros de cursar la carrera que nos apasiona y ser profesionales. Que quede claro: nuestro estudio y trabajo diario valen, pero sin el esfuerzo de nuestras familias, nosotros no seríamos lo que somos.

Y como todos tenemos alguien que sufrió la vida para darnos una existencia más linda… Y como además somos humanos… Sufrimos con los que sufren. Nos es imposible ser indiferente ante el dolor ajeno. Nos es imposible no solidarizarnos con reivindicaciones justas y con la lucha por los Derechos Humanos de los otros. Unos otros que también son nosotros. Sin ir más lejos, las Jornadas Indígenas USAL reflejan el segundo de los principios de la casa de estudios escritos por Jorge Bergoglio en 1974, o sea, 40 años antes de ser Papa.

“El futuro se alcanza profundizando el camino recorrido. Es un proceso de vuelta a los orígenes, o mejor dicho, de afirmación de las diferencias. No es un intento de crítica externa de la experiencia realizada, sino la asunción como propia de una travesía de la que se es parte. En cambio, por eso, no consiste en la imitación servil de modelos ajenos o en el abandono de lo propio, sino en la continuidad crítica de los movimientos populares del signo nacional, protagonistas esenciales de la Argentina moderna. Más aún, el resurgimiento cultural de la América Latina exige retornar a las líneas maestras de su tradición hipánico-indígena, como fundamento del cambio revolucionario hacia un futuro en el que se reconozca. Exactamente el mismo criterio debe aplicarse a la construcción de la Nueva Universidad del Salvador.”

La especialista en Ley de Semillas, Tamara Perlmuter, acompañada del profesor Miguel Ángel Forte y el periodista Gabriel Levinas





















El 13 y el 14 de mayo, la Universidad del Salvador dio un espacio a nuestros pueblos originarios. Un espacio a la Argentina originaria, pero que bien podría haber sido a la Argentina que sufre el hambre, a la que no tiene agua potables ni cloacas, a la que le duele el frío durmiendo en la calle o que carece del derecho a la educación, la salud y el trabajo. Los educadores y educandos que realizamos estas jornadas no creemos en la ciencia por la ciencia misma, ni en la ciencia que sólo engrose nuestro curriculum: entendemos que la ciencia, y sobre todos las ciencias sociales, debe estar al servicio de los pueblos. Debe buscar un mundo más mejor -claro, más mejor- y más bonito para todos. Como decía el maestro Paulo Freire en su Pedagogía del Oprimido: “A los desarrapados del mundo y a quienes descubriéndose en ellos, con ellos sufren y con ellos luchan”.

Bienvenida sea una Universidad del Salvador que esté abierta y se solidarice con las problemáticas sociales..

Bienvenidos sean los pueblos originarios que son faros y nos enseñan a través de la resistencia y las luchas por los Derechos Humanos.

Y bienvenidos sean jóvenes y rebeldes educandos, comprometidos con la realidad, que nos exijan a los educadores no sólo conocimiento y práctica, sino también contenido social.

Gracias a todos por apoyar estas jornadas. De lo contrario no serían posibles.

¡Jallalla!

Mujeres y Torres García: profesora Raquel Soto, cineasta Valeria Mapelman, museóloga Verónica Jeria y cantante Charo Bogarín.

* Publicado en la Revista Asterisco en Agosto 2015.