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12 octubre 2015

Pachamámicos: hacia un periodismo indígena


“Todo empieza con una llamarada
cuando despedimos llamas de nuestras miradas.
Quieren detener el incendio que se propaga
pero hay fuegos que con agua no se apagan”



Comenzar a escribir este post me hace pensar por qué el lector perdería cinco minutos en leerla. ¿Será por la indignación producida por la muerte por desnutrición del niño qom Oscar Sánchez que tenía más años que kilos? ¿O por la solidaridad con el Acampe Qopiwini en plena Avenida 9 de Julio que espera hace más de medio año ser recibido por la Presidente? ¿Tal vez la alusión a la Madre Tierra, tan castigada por el cianuro de la Barrick Gold o el glifosato de Monsanto? ¿O el 12 de octubre y los interminables 500 años de resistencia frente al poder económico y el poder político?

Sea lo que sea, tras su potencia revolucionaria en México con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y con el acceso a la sociedad política por la vía democrática en el Estado Plurinacional de Bolivia, la emergencia india pudo romper el dique de contención e inundar la escurridiza opinión pública argentina. Ya no llama la atención ver al Qarashe de la Comunidad Qom Potae Napocana Navogoh, Félix Díaz, mano a mano con Alejandro Fantino o debatiendo en Intratables. Tampoco que nuestro Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, abrace la lucha de la mapuche Relmu Ñamku. Incluso la Wiphala -la bandera multicolor de los pueblos indígenas- ha migrado de la región andina a algunos balcones porteños o las mochilas de estudiantes.

"Presidenta. No se vaya sin recibirnos". El pedido del Acampe Qopiwini. Esperan hace siete meses. Foto: RRR On Line.

Toda esta extensa introducción para señalar el hecho de que los pueblos originarios de Argentina han logrado romper la invisibilización mediática, política y económica para pasar a formar parte de los temas que debate la sociedad. Hoy, los indios son noticia.

Esta afirmación permite preguntarnos cómo enfrenta el periodismo la cobertura de las luchas indígenas. En el último tiempo, la comunicación alternativa, popular y comunitaria siguió los pasos del pensamiento crítico latinoamericano para abordar de lleno este tema. Sin embargo, la novedad es que los medios comerciales -menos sensibles a las cuestiones sociales- han comenzado a cubrir las noticias sobre pueblos originarios. 


Ahora bien, este incremento de la cobertura de las luchas indias obliga a los periodistas, los teóricos y la academia a preguntarnos si, del mismo modo que existen especialistas en política, economía, espectáculos o deportes, es posible pensar un periodismo especializado en pueblos originarios.

¿Por qué pensar un periodismo que cubra las problemáticas y las luchas indígenas con una especialización técnica? La respuesta es bastante simple: el mundo no es como nosotros querríamos. A algunas personas que trabajan como periodistas les duelen las consecuencias nocivas del extractivismo en los cuerpos de las personas, a otras no les parece ético que la corrupción del Estado y las corporaciones se queden con recursos que son de la sociedad, a otros les molesta la opresión de las clases dominantes sobre una mayoría dominada y a otras les parece injusto que una historia oculte a otras, y más si esconde un genocidio.

¿Y qué hacen? Lo muestran. Lo investigan, lo cubren, lo escriben, lo graban, lo filman, lo relatan. Dan testimonio de ello. Son mediadores. Visibilizan lo que otros quieren que permanezca oculto. Y no lo hacen ni por fama ni por dinero, sino porque están convencidos de que mostrar empodera a los débiles y que molesta a los poderosos. Y que dando a conocer, comienzan a tejerse las redes de solidaridad entre las personas. Porque es muy difícil no conocer el dolor humano y no solidarizarse con él. 

Pero, ¿sólo los pueblos indígenas? Por supuesto que no. Un periodismo indígena estaría inmerso en el campo más amplio de la comunicación alternativa que incluye y visibiliza otros tantos temas sociales como el género, los trabajadores, los movimientos sociales o el extractivismo. Y si bien este artículo interpela al ámbito académico y a la práctica periodística, no sólo se limita a él: las redes sociales y las nuevas tecnologías permiten que cualquiera participe de estas construcciones colectivas de la información. La comunicación es como la levadura que levanta la masa

Entonces, ¿cómo lograr que más comunicadores profesionales y estudiantes se vuelquen a un periodismo indígena? Simplemente contando: en todos los espacios a los que uno tenga acceso. Ya sea en medios alternativos o en medios comerciales. Con sólo una persona que la lea ya empieza a cambiar el mundo. La comunicación es un Derecho Humano y, en este casos, una herramienta para las luchas indígenas. 

Y entonces, ¿qué contar? Todo lo que afecte los Derechos Humanos de los pueblos indígenas. Sabiendo que las principales demandas son el respeto a los territorios -amparado el artículo 75 inciso 17 de la Constitución Nacional-, el reconocimiento de la identidad por parte del Estado y la perdurabilidad de las lenguas originarias. Tenemos que tener en cuenta que, si bien el principal interpelado será el Estado que no garantiza el cumplimiento efectivo de los Derechos Humanos, también serán confrontados los poderes económicos que afectan la vida de los pueblos en pos del lucro privado.

Y una vez más, ¿por qué? Porque al ver las injusticias te agarra un fuego. Te indignás. Pero va más allá. Te hierve la sangre. Esa llamarada no se apaga ni con agua ni mirando hacia otro lado. Te interpelan todo el tiempo. Y si las ideas y prácticas del capitalismo salvaje, el individualismo postmoderno y el poder político están estrelladas, no tenemos ningún problema en formar parte de un colectivo más amplio que busque enderezarlas. Y lo hacemos con lo que sabemos hacer. Del mejor modo que conocemos: comunicando.


* El artículo recoge las conclusiones de la ponencia "Pachamámicos: hacia un periodismo indígena" presentado en el XIII Encuentro Nacional de Carreras de Comunicación.

30 agosto 2015

¿Por qué indios en la universidad?

“Como indios fuimos colonizados y como indios nos liberaremos”
Grito indianista en la Bolivia de la década del ‘70

Los días 13 y 14 de mayo la Universidad del Salvador volvió a dejar su color verde institucional para -al tono de la wiphala- volverse multicolor: por segundo año consecutivo los pueblos originarios y, artistas y cientistas sociales que acompañan sus reivindicaciones volvieron a estar presentes en lo que los organizadores gustamos de llamar las Jornadas Indígenas USALTuvimos una linda convocatoria con mesas conformadas por personalidades tan heterogéneas como Félix Díaz, Leandro Despouy, Charo Bogarin, Relmu Ñanku, Alcira Argumedo, Gabriel Levinas o Miguel Ángel Forte. Pero lo más importante estaba más allá. Nuestros pueblos tuvieron un espacio en la academia. Lejos de la mediación, la invisibilización o los recortes de lo medios de comunicación masivos; tenerlos ahí, escucharlos directamente, conocer sus problemas y vivir sus dolores.

Ahora bien, ¿por qué pueblos originarios en un ambiente académico frente a educandos que desconocen sus problemáticas? Justamente esa es la pregunta que nos lleva a escribir este artículo.

Félix Díaz, Qarashe de la Comunidad Qom Potae Napocna Navogoh y una de las principales voces de los pueblos indígenas. Acompañado por Relmu Ñanku de la comunidad mapuche Winkul Newen, y el titular de la APDH La Matanza, Pablo Pimentel.

- Damián, te pregunto lo mismo que a Darío Aranda un tiempo atrás: ¿y vos, por qué acompañás la lucha de los pueblos indígenas?

La pregunta del amigo y entonces titular del Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (ENDEPA), Ponciano Acosta, previa a los preparativos de las I Jornadas Indígenas me descolocó. Me tomé unos segundos para responder. Mi cabeza viajó del bar de la calle Viamonte que uso como bunker académico a mi primer acercamiento con los mineros del cerro rico de Potosí, cuyos rostros, manos y cuerpos de 40 años, en verdad tienen poco más de 20. Y también a ese amanecer en Tiwanaku para vivir la asunción simbólica de Evo Morales rodeado de cientos de representantes de los 36 pueblos indígenas que conforman el Estado Plurinacional de Bolivia. Volví a recordar los dos meses y medio de trabajo de campo en la ciudad aymara de El Alto, rodeado de la hostilidad del terreno, la precariedad y el frío. Viajé nuevamente en “ferrobús” -un colectivo hecho tren que sólo pude entender cuando lo vi- a Charaña, donde presencié cómo mataban una llama para comerla, viví la falta de luz, y aprendí que el monte puede ser un baño de uso diario. Finalmente, la infatigable lucha por la autonomía y la libertad del Ejército Zapatista de Liberación Nacional -los descendientes mayas de las montañas del sureste mexicano- y su dieta a base de café, frijoles y tortillas.

Sin embargo, elegí otra respuesta: “Por la abuela Argentina…”.

Podría decir mucho sobre la abuela Argentina, que para mí es una segunda mamá, pero seré breve. La abuela Argentina tiene 87 años y sus manos son el reflejo de lo mucho que le costó la vida. Es una santiagueña con sangre india que trabajaba en la zafra de azúcar juntando la caña que cortaban sus tíos. Sin goma ni liquid paper borraba mojándose el dedo y a los 18 años viajó a Buenos Aires. Mientras nosotros nos vamos a Bariloche, ella se subía al camión de un desconocido en busca de una vida mejor. La abuela Argentina fue una cabecita negra que ni bien llegada a Retiro se fue a Bernal -¿cómo habrá ido hasta allá en esa época?- a cocinar y limpiar en un caserón. Crió tres hijos a base de mate cocido, huerta y pan, y les inculcó el valor del estudio y el trabajo. Difícilmente yo podría haber estudiado en la universidad sin todo el sacrificio que ella hizo.

Y completé: “Siento que acompañando las reivindicaciones de los pueblos indígenas, de algún modo estoy ayudando a la abuela. Contribuyendo a su lucha, ayudo a quienes sufren lo que mi abuela en otro momento”.


La pensadora Alcira Argumedo, el líder wichi Jorge Palomo y el presidente de la Auditoría General de la Nación, Leandro Despouy.

Y creo que un poco de eso explica la realización de estas II Jornadas Indígenas USAL. En un mundo posmoderno que nos inculca el individualismo y nos enseña que nuestras vidas dependen de nosotros mismos, un grupo de educadores y educandos conformamos un colectivo y, nos comprometimos a difundir el sufrimiento y las luchas de nuestros pueblos originarios. Todos nosotros venimos de familias con sangre indígena o sangre europea, a quienes la vida no les fue fácil. Desde la resistencia o el desarraigo, muchos de nuestros antepasados tuvieron una vida de sacrificio para darnos la posibilidad a nosotros de cursar la carrera que nos apasiona y ser profesionales. Que quede claro: nuestro estudio y trabajo diario valen, pero sin el esfuerzo de nuestras familias, nosotros no seríamos lo que somos.

Y como todos tenemos alguien que sufrió la vida para darnos una existencia más linda… Y como además somos humanos… Sufrimos con los que sufren. Nos es imposible ser indiferente ante el dolor ajeno. Nos es imposible no solidarizarnos con reivindicaciones justas y con la lucha por los Derechos Humanos de los otros. Unos otros que también son nosotros. Sin ir más lejos, las Jornadas Indígenas USAL reflejan el segundo de los principios de la casa de estudios escritos por Jorge Bergoglio en 1974, o sea, 40 años antes de ser Papa.

“El futuro se alcanza profundizando el camino recorrido. Es un proceso de vuelta a los orígenes, o mejor dicho, de afirmación de las diferencias. No es un intento de crítica externa de la experiencia realizada, sino la asunción como propia de una travesía de la que se es parte. En cambio, por eso, no consiste en la imitación servil de modelos ajenos o en el abandono de lo propio, sino en la continuidad crítica de los movimientos populares del signo nacional, protagonistas esenciales de la Argentina moderna. Más aún, el resurgimiento cultural de la América Latina exige retornar a las líneas maestras de su tradición hipánico-indígena, como fundamento del cambio revolucionario hacia un futuro en el que se reconozca. Exactamente el mismo criterio debe aplicarse a la construcción de la Nueva Universidad del Salvador.”

La especialista en Ley de Semillas, Tamara Perlmuter, acompañada del profesor Miguel Ángel Forte y el periodista Gabriel Levinas





















El 13 y el 14 de mayo, la Universidad del Salvador dio un espacio a nuestros pueblos originarios. Un espacio a la Argentina originaria, pero que bien podría haber sido a la Argentina que sufre el hambre, a la que no tiene agua potables ni cloacas, a la que le duele el frío durmiendo en la calle o que carece del derecho a la educación, la salud y el trabajo. Los educadores y educandos que realizamos estas jornadas no creemos en la ciencia por la ciencia misma, ni en la ciencia que sólo engrose nuestro curriculum: entendemos que la ciencia, y sobre todos las ciencias sociales, debe estar al servicio de los pueblos. Debe buscar un mundo más mejor -claro, más mejor- y más bonito para todos. Como decía el maestro Paulo Freire en su Pedagogía del Oprimido: “A los desarrapados del mundo y a quienes descubriéndose en ellos, con ellos sufren y con ellos luchan”.

Bienvenida sea una Universidad del Salvador que esté abierta y se solidarice con las problemáticas sociales..

Bienvenidos sean los pueblos originarios que son faros y nos enseñan a través de la resistencia y las luchas por los Derechos Humanos.

Y bienvenidos sean jóvenes y rebeldes educandos, comprometidos con la realidad, que nos exijan a los educadores no sólo conocimiento y práctica, sino también contenido social.

Gracias a todos por apoyar estas jornadas. De lo contrario no serían posibles.

¡Jallalla!

Mujeres y Torres García: profesora Raquel Soto, cineasta Valeria Mapelman, museóloga Verónica Jeria y cantante Charo Bogarín.

* Publicado en la Revista Asterisco en Agosto 2015.

20 agosto 2015

Hugo Alconada Mon y los Qom

Hugo Alconada Mon es uno de los mejores periodistas que tiene la Argentina. En un momento en el que el periodismo de investigación batalla por encontrar espacios en las agendas mediáticas, el Prosecretario de Redacción del diario La Nación es quien mejor investiga los casos de corrupción, lavado de activos y fraude corporativo. Recientemente publicó La Piñata. El ABC de la corrupción, de la burguesía nacional kirchnerista y del capitalismo de amigos, que a semanas de salir ya va por la cuarta edición y va camino a ser uno de los libros de no ficción más vendidos del año. Los capítulos del libro están ordenados de la A a la Z y cada uno trata un tema de corrupción. Me sorprendió que en la Q tratara la lucha por la tierra que afronta la comunidad Qom Potae Napocna Navogoh. Y una vez comenzado a leer, que en las primeras tres páginas los mencionara en dos ocasiones. Escribiendo una ponencia titulada "Pachamámicos: hacia un periodismo indígena" para el XIII Encuentro Nacional de Carreras de Comunicación me interesó conocer su opinión.

También publicó Los secretos de la valija (2009), Las coimas del gigante alemán (2011) y Boudou, Ciccone y la máquina
de hacer billetes
 (2013), y ganó el "Premio Latinoamericano de Periodismo en Investigación 2014". Foto: MDZ Online

- ¿Por qué un periodista reconocido y especializado en periodismo de investigación sobre casos de corrupción trata en su libro la lucha de los Qom cuando no es un tema que cubre habitualmente?

- Precisamente por eso. Con La piñata intenté hacer un abordaje sistémico. En nuestro país hay eventuales casos de corrupción, pero, al mismo tiempo, está preparado como un sistema con falta de organismos de control y una justicia -sobre la cual se está avanzando- que garantiza la impunidad. Y por otro lado, existe también un relato desde el cual te cubren -periodística o mediáticamente- de los problemas. También me interesaba mostrar que mientras hay todo un sistema para la protección de poderosos, por el contrario, los más débiles son declarados cucarachas. Y los abandonan. En el caso de los Qom, los abandonan cuando tienen que lidiar con un gobernador como Gildo Insfrán. Y no les importa. Los abandonan como si fueran perros. Es una suerte de espejo paradójico. 

- ¿Notaste que en las tres primeras páginas del libro mencionás a los Qom en dos oportunidades?

- No. Surgió naturalmente.

- Pero sí sos consciente de que visibilizás un problema que cuesta ponerlo en la agenda mediática, ¿creés que visibilizando el periodismo puede contribuir a las luchas de los pueblos indígenas?

- Si eso ocurre, me llenaría de alegría. Esa es mi esperanza. Aunque soy un poco escéptico. Esas tres cosas. ¿Por qué te lo digo? Porque los Qom llevan seis meses acampando. O porque veo que la sociedad no termina de reaccionar. En Formosa lo mantienen a Insfrán pese a todo lo que ya se sabe. También me deja inquieto. No quiero decir desesperanzado. No. Porque voy a seguir martillando como muchos. Aunque los poderosos quieran que no, tal vez somos, quizás, optimistas sin saberlo. Y por eso martillamos.

- ¿Cómo funciona la justicia en casos como la lucha de los Qom?

- La sensación que yo tuve es que acá hay un sistema que protege a algunos y abandona a otros. Si hay un pleito NN contra NN, se impartirá justicia. Donde una de las dos partes es poderosa, la otra pierde. Y donde los dos son poderosos lo que menos cabe de esperar es justicia. Van a tratar de llegar a un arreglo, a acomodar las leyes o lo que sea, pero se va a modificar por completo el sistema. Y en este caso, los Qom son los NN. Tenés situaciones en las cuales se abren expedientes -como marcaba nuestro Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel-, en teoría, para investigar una muerte, y no pasa nada. No hay nada. Y tenés otros como allá en Formosa que se abren, sí se avanza y terminás encontrando cualquier cosa. Faltaba que a los Qom les metieran que eran marcianos. Todo lo demás está ahí adentro: sedición, traición a la patria. ¿Qué más te falta? Eso te marca el doble estándar moral. 

- ¿Por qué creés que el Gobierno nacional no le da importancia?

- No creo que sea una política de Estado de ignorar a los Qom, sino una cuestión de política. La comunidad Qom Potae Napocna Navogoh le genera un dolor de cabeza a unos amigos de Insfrán. Por lo tanto, Insfrán está en contra y como el Gobierno nacional es aliado de Insfrán, los Qom no existen. Lo que me conmueve o indigna es cómo tenemos legisladores que redactan proyectos de declaraciones sobre verdaderas imbecilidades y no pueden tener los pantalones puestos para, por lo menos, emitir una declaración real. Con algunas muy honrosas excepciones como la ex diputada Silvia Vázquez. Pero hay otros que no. 

- En el libro también mencionás cómo actuó el actor y ex titular del INADI Claudio Morgado.

- El rol digno que tuvo Morgado marca que algo es posible. ¿Qué te muestra? Que sí es posible hacer una diferencia. Aquellos funcionarios que no hicieron algo para ayudar a los Qom es porque no quisieron. Muchos te dicen “estoy con las manos atadas” o le echan la culpa a sus jefes. ¿Y qué hizo Morgado? Les dio un celular y lo puso a Félix Díaz en la sección local del INADI en Formosa. Eso demuestra que un funcionario puede hacer una pequeña gran diferencia. ¿Y qué significó eso para Félix Díaz? De repente sintió que tenía las espaldas cubiertas y tuvo acceso a un teléfono celular. Para vos y para mí un celular puede costar más o menos, pero tenemos las condiciones de afrontarlo. ¿Pero para los Qom? Ellos no tienen agua potable; no tienen nada. Para el poder son lo peor de lo peor.

- Los periodistas de investigación ya enfrentan una batalla para logar espacios en los medios. Así como hiciste en La Piñata, ¿creés que el periodismo debería visibilizar más estás luchas sociales?

- Así como lo de Morgado demuestra que es posible hacerlo como funcionario público también es posible que cada uno, desde su pequeño lugar, pueda hacer algo. Incluso con las nuevas tecnologías: twittear, un mensaje por Facebook o quien tenga un programa de radio. Y no solamente sobre los Qom, sino también sobre muchos otros temas sociales. Yo creo que sí hay pequeñas grandes diferencias. Otro ejemplo es lo que hace Juan Carr que acerca a quienes quieren ayudar y quienes necesitan ser ayudados. Además, te digo: si hay algo que les duele a los muchachos -tanto gobierno nacional, como provinciales y municipales- es cuando algo sale a la luz. Siempre ha sido así. Eso los incomoda. Por eso tratan de invisibilizar el tema. Por eso sacaron a los Qom de la 9 de Julio un sábado a la mañana.

- ¿Los profesores de periodismo debemos incentivar que los estudiantes se sensibilicen con temas sociales como las luchas indígenas y los incluyan en la opinión pública cuando sean profesionales? 

- Sí, yo creo que sí. Yo creo que esto pasa… ¿sabés por qué? Por el ejemplo. Esto no es una cuestión de currícula como si fuera la materia “Ética periodística”. Si no que pasa por una cuestión realmente personal. Que los profesores se movilicen lleva a mostrar un compromiso. Y sus alumnos van a receptar eso. A vos te debe pasar lo mismo que a mí en la facultad. Cuando les preguntás a los chicos “¿por qué querés ser periodista?”, te responden: “porque quiero ser famoso”, “porque quiero ser rico”, “porque no tenía otra cosa para estudiar”. ¿O no? ¿A vos no te pasó? Lo que tenemos que decirles es: “Estás acá porque vos tenés que ser un comunicador. Y, quien comunica, comunica lo que el poder no quiere saber, y lo que el que no tiene voz necesita que se sepa”. Y en eso estamos. En definitiva, cuando un profesor se compromete, hace la diferencia. Y con que uno solo de sus alumnos logre internalizar eso, el docente ya hizo su trabajo.

A semanas de salir, La Piñata ya va por la cuarta edición y
va camino a ser el libro de no ficción más vendido del año.

15 julio 2015

El Papa pachamámico

El 12 de marzo de 2000 Juan Pablo II protagonizó un hecho histórico: en nombre de la Iglesia pidió perdón por los crímenes de la Inquisición, las Cruzadas y la persecución de los judíos. Quince años más tarde, el Papa Francisco vuelve a marcar un hito. En el marco del II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares -o sea, organizaciones sociales que están en tensión con el Estado y el poder económico- pidió perdón a los pueblos originarios por el accionar de la Iglesia durante la Conquista.



Si bien los medios se quedaron con la imagen de “la cruz comunista”, Francisco fue bastante claro en señalar el carácter histórico de su discurso: “Quiero detenerme en un tema importante. Porque alguno podrá decir, con derecho, que cuando el Papa habla del colonialismo se olvida de ciertas acciones de la Iglesia. Les digo, con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios. Lo han reconocido mis antecesores, lo ha dicho el CELAM, el Consejo Episcopal Latinoamericano, y también quiero decirlo. Al igual que San Juan Pablo II pido que la Iglesia y cito lo que dijo él: ‘Se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos’. Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue San Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”.

Seguramente el pedido de disculpas no sea suficiente para cinco siglos de opresión, pero qué preferimos: ¿un Sumo Pontífice que reconozca las culpas de la Iglesia y sea un aliado de las reivindicaciones indígenas o uno que continúe el silencio y la connivencia con los gobiernos y los poderes económicos?

El Papa argentino también recordó a “los hombres que defendieron la justicia de los pueblos originarios”. De cierto modo, actualizó las denuncias de fray español Bartolomé de las Casas y retomó la tradición latinoamericana de la Teología de la Liberación. Y recogió el accionar de muchos padres que han acompañado estas causas. Como el obispo mexicano “Don Samuel Ruíz”, quien al frente del municipio de San Cristóbal de las Casas cumplió un rol fundamental durante los diálogos de Paz entre los indígenas zapatistas y el Gobierno en 1994. O del padre Xavier Albo -más boliviano que catalán- que acompañó la construcción de hegemonía de las comunidades indígenas, originarias y campesinas del Estado Plurinacional de Bolivia.

En el ámbito local, su discurso se acerca al Equipo Nacional de Pastoral Aborigen y la resistencia de sacerdotes como Franciso Nazar y Ponciano Acosta frente a un gobierno racista y etnocida como el de Gildo Insfran en Formosa. Y empodera a líderes como el qarashe de la comunidad qom Félix Díaz o la mapuche Relmu Ñanku, ambos perseguidos por el Estado Argentino por su defensa a sus tierras y territorios.


"La casa común de todos nosotros está siendo saqueada, desvastada, vejada impunemente. La cobardía en su defensa es un pecado grave (...) Les pido, en nombre de Dios, que defiendan a la madre tierra", reclamo Francisco. Foto: L'Osservatore Romano.

En sintonía con el teólogo brasileño Leonardo Boff, el Papa pidió “defender a la Madre Tierra”, a la que mencionó en siete oportunidades. “La casa común de todos nosotros está siendo saqueada, desvastada, vejada impunemente. La cobardía en su defensa es un pecado grave (…) Existe un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar que no se está cumpliendo. No se puede permitir que ciertos intereses –que son globales, pero no universales– se impongan, sometan a los Estados y organismos internacionales, y continúen destruyendo la creación. Los pueblos y sus movimientos están llamados a clamar a movilizarse, a exigir –pacífica pero tenazmente– la adopción urgente de medidas apropiadas. Yo les pido, en nombre de Dios, que defiendan a la madre tierra”, manifestó Francisco. En un guiño a los pueblos indígenas andinos mencionó el “vivir bien”, el suma qamaña según los aymaras. Nada menor en un continente donde las grandes corporaciones destruyen la naturaleza. 

Fue un discurso revolucionario. La intervención de Francisco en Latinoamérica ha desarraigado a la Iglesia del orden de los “aparatos ideológicos del Estado” en términos del filósofo fránces Louis Althusser para insertarla en la órbita del “campo” de su compatriota sociólogo Pierre Bourdieu. Con su gira latinoamericana el ala progresista de la Iglesia vuelve a dar un paso sobre la facción conservadora.

Hasta la llegada de Jorge Bergoglio al Vaticano, los movimientos sociales y las izquierdas no tenían mucho para debatir. El Vaticano era un aparato ideológico lejos de los pueblos sin “tierra, techo y trabajo”. Sin embargo el panorama hoy es otro. Guste o no, el discurso del Papa tiene una potencia persuasiva inconmensurable. Francisco vilipendia al “capitalismo salvaje” frente a personas que viven -y sobreviven- el día a día desconociendo el materialismo histórico de Karl Marx. Las izquierdas, los movimientos sociales y los pueblos originarios tienen hoy un aliado. Estará en ellos renegar o empoderarse con el discurso de Francisco.

28 mayo 2015

I Cumbre Nacional de los Pueblos Indígenas

Con la participación de más de 100 líderes y lideresas de 17 provincias, comenzó la I Cumbre Nacional de los Pueblos Indígenas. Las jornadas tienen como objetivo debatir los derechos constitucionales, plantear soluciones a los conflictos de tierra y territorio, y producir un documento con las conclusiones del encuentro.

Líderes y lideresas de 17 provincias se hicieron presentes: Formosa, Río Negro, Tucumán, Provincia de Buenos Aires, Jujuy, Tierra del Fuego, Neuquén, Ciudad de Buenos Aires, San Juan, Chaco, San Luis, La Pampa, Catamarca, Salta, Chubut, Santa Fe y Mendoza. Foto: Romina Bianchi

Entre los presentes se destacó Félix Díaz, quien es la cara más visible de la lucha de los pueblos indígenas. El qarashe de la Comunidad Qom Potae Napocna Navogoh resaltó la importancia de la tierra y el territorio: "Bajan la estatua de Colón, pero no reparan la memoria de los pueblos indígenas, que es la devolución de los territorios. Si nosotros no tenemos memoria, el Estado argentino va a seguir matándonos. No queremos que se siga mintiendo. Nosotros tenemos la capacidad de darnos cuenta qué está bien y que está mal".

En cuanto a la Cumbre, Félix se mostró satisfecho por la gran participación: "Para nosotros ha sido muy superador la presencia de representantes autoconvocados de 17 provincias. Yo nunca me imaginé que esto podría pasar. Esto es gracias a la fortaleza y la capacidad de las autoridades. Nos muestra el deseo de los pueblos indígenas de salir adelante sin depender del Estado, sino de nosotros mismos".

Félix Díaz se dirigió a los representantes: "Recuerden siempre que ustedes son la esperanza de sus pueblos. Seguimos vivos. No tengamos miedo. Exijamos nuestros derechos".

Uno de quienes más trabajó para que se realizara esta cumbre fue el vocero del acampe Qo.Pi.Wi.Ni y referente de la comunidad Namqom de Formosa, Israel Alegre: "Éste es un día histórico para nosotros porque logramos unificar a los pueblos indígenas para debatir nuestros derechos y su incumplimiento. También vamos a plantear la reglamentación y modificación del artículo 75 inciso 17 de la Constitución Nacional".

Por su parte, la inal loko -líder- de la comunidad mapuche de Neuquén de Winkul Newen, Relmu Ñamku, señaló que la cumbre es un espacio muy importante para fortalecer los lazos entre los pueblos originarios y construir una política indígena nacional que hoy está ausente. La vocera explicó que lo que une a las comunidades es la lucha por sus territorios y que espera que se derogue la Ley Antiterrorista que pone a los pueblos indígenas en la mira por el sólo hecho de defender sus tierras.

"Como parte del pueblo mapuche estamos muy decididos a afrontar este desafío porque tenemos una situación muy complicada en nuestro territorios por la explotación petrolera, y estamos perseguidos política y judicialmente. Sabemos que no es fácil porque enfrente tenemos un Estado que no nos reconoce, a las corporaciones y a la manipulación de muchos hermanos indígenas que fueron captados por el Gobierno para un supuesto modelo de estado incluyente de los pueblos originarios, que nosotros sabemos que es una mentira", concluyó Relmu Ñanku, quien en la actualidad afronta la una causa judicial del Estado.

En este primer día de la Cumbre Nacional de los Pueblos Indígenas los representantes de las comunidades se dividieron en cinco grupos de trabajo: métodos extractivista, tierra y territorio, política sojera, medio ambiente y, exploración y explotación petrolera. El encuentro continuará mañana con la discusión sobre gasoductos, fracking, megaminería, energía nuclear, acceso y reservas de agua, judicialización de los líderes, Ley Antiterrorista, propiedad comunitaria, Ley 23.302 y los derechos constitucionales. Finalmente, el viernes 29 se firmará un documento unificado. 

Se puede ver el programa completo en la página de Resistencia Qom.

10 abril 2015

“Nosotros vemos el desarrollo humano a través del territorio”

Jorgelina Duarte forma parte de una camada de jóvenes que continúa la lucha por los derechos de los mbya guaraní iniciada por su abuelo, Dionisio Duarte, un importante mburuvicha de su pueblo. Desde la selva misionera, la joven dirigente enfrenta diversas problemáticas: territorio, salud, educación y conflictos políticos como la obra de la represa Garabí o la demorada inclusión de la Ley 4000 en la Constitución Provincial.

Por Juan Cruz Villa*

Jorgelina Duarte junto a su hermana, Sabina.

Juan Cruz Villa: ¿Cuál es la principal problemática de los Mbya Guaraní?
Jorgelina Duarte: Para nosotros es el territorio. El mundo habla de desarrollo humano, y nosotros, los Mbya, vemos el desarrollo humano a través del territorio. Porque es nuestro hogar. Somos pueblos selváticos. Lo importante para nosotros es el agua, los recursos, la riqueza de nuestra selva Paranaense. Antes las comunidades no tenían preocupaciones, cosechaban y sembraban lo que necesitaban para comer, pero hoy la realidad es distinta. Las fueron arrinconando y tienen que buscar otras salidas económicas.

JV: ¿Y más allá del territorio?
JD: Hay nuevas necesidades, como vestirse y tener vivienda para protegerse del frío. Aunque no parezca, en invierno es una zona fría. Y debido a la deforestación -otro problema que enfrentamos- la zona cambió y las casas ya no están más protegidas del viento y del frío.

JV: ¿Cuál es el problema con la represa Garabí?
JD: El pueblo está pidiendo que se llame a un plebiscito, pero no se realizó porque hay un antecedente con la represa de Corpus. La obra no comenzó, pero estaría todo dispuesto para que se realice. Si se hace, va a afectar directamente a cinco comunidades e indirectamente a todas las que están cerca del rio Uruguay porque hay arroyos que desembocan ahí y provocaría que muchos pueblos se inunden. Así como para muchas comunidades el problema son las industrias extractivas, para nosotros son la tierra, la represa, el desmonte y las plantaciones de pino.

JV: ¿Han sufrido la quita de tierras?
JD: Hay pocas comunidades que están en tierras privadas. Una gran cantidad está en tierras fiscales y, generalmente, son de empresas o universidades con las cuales estamos en conflicto. Hay tierras que se han vendido o donado con las comunidades adentro, y los Mbya no tienen el concepto de la usurpación o de recuperar tierras. Hubo desalojos, algunos violentos, pero no hasta el extremo de la persecución como sucede en otras comunidades indígenas. Los Mbya no somos un pueblo guerrero, no somos de responder violentamente. En nuestra comunidad no se alambra el territorio: esta concepción de cercar no existe para nosotros. 

JV: Respecto a la presencia del Estado, ¿recibieron ayuda frente a estos problemas?
JD: No estoy en contra de la asistencia que brinda el Estado, pero debería abordarse desde otro lugar. Desde lo básico de asegurar el territorio. Y también el tema de la salud es grave, es impresionante el bajo peso de los niños y la desnutrición, de lo cual no se habla mucho, pero existe. También hay enfermedades crónicas como la tuberculosis.

JV: ¿Viste un avance en los últimos años de los derechos indígenas?
JD: Se ha avanzado mucho en la reafirmación de derechos, pero debemos reconocer que, si hubo avances, fue también por el rol de nuestros dirigentes y la lucha de las comunidades. A nivel nacional, hay un avance ya que se está aplicando la Ley de Emergencia 26.160. Pero a nivel provincial, en Misiones, aún no somos reconocidos.

JV: ¿Esto es por la demora en la sanción de la Ley 4000?
JD: Sí, esta ley es la que nos reconocería en la Constitución Provincial y lo único que falta es que el gobernador, en cualquier elección, llame a un referéndum para que la sociedad acepte agregarla. Esto nunca fue realizado y hace seis años que estamos esperando. Es una situación terrible para nosotros.

JV: ¿Los medios de comunicación pueden aportar a la lucha de los pueblos originarios?
JD: Sí, pueden aportar a nuestra lucha, aunque a veces juegan en contra ya que los medios se mueven por determinados intereses y las problemáticas indígenas no son generalmente lo que más les importa. En las asambleas intento hacer hincapié en no meter a todos en la misma bolsa y ser capaces de identificar aliados.


* Juan Cruz Villa es estudiante de Periodismo de la Universidad del Salvador y ayudante de la materia Taller de Periodismo Informativo. Pueden visitar su blog "Cosas Oxidadas".

01 abril 2015

“La idea es apoyar a los chicos que quieren estudiar”

Alcides Ferreyra tiene 39 años y hace tres es el mburuvicha -cacique- de Tamandua. Su objetivo es que los niños puedan estudiar en la ciudad, volver a la comunidad y acceder a un trabajo formal. Quiere mejorar la calidad de vida de los guaraníes y que se formen profesionalmente, pero señala que deben estar preparados.

Alcides Ferreyra junto al nuevo jardín maternal que están construyendo en la comunidad guaraní de Tamandua.

Diarios de un Principito: ¿Cuál es el rol de un mburuvicha en una comunidad guaraní?
Alcides Ferreyra: Ser líder de un grupo de personas es un compromiso. Siempre hay cosas para hacer. Un cacique debe tener un proyecto de trabajo. Mi objetivo es mejorar la calidad de vida de Tamandua, tras años de mala situación económica. 

DP: ¿Cuáles son las necesidades principales?
AF: La idea es apoyar a los chicos que quieren estudiar. Para eso los incentivamos y hablamos con ellos. Que tengan posibilidades de un buen trabajo. Hoy es complicado tener un empleo formal. En la comunidad siempre hay laburo, pero no es lo que uno pretende para sus hijos: que sean mejor que uno.

DP: ¿Trabajan en conjunto con la municipalidad de 25 de Mayo?
AF: Tiene que haber muchos actores. Para que los chicos puedan ir al colegio el municipio pone a disposición una movilidad. Después debemos acompañar los padres. No es fácil porque hace falta más que el incentivo como pasajes, comida y vestimenta. Los chicos deben tener lo mínimo porque si no es imposible.

DP: A diferencia de otros pueblos indígenas, la Comunidad Tamandúa tiene la propiedad de sus tierras y acceso a agua potable. ¿Qué es lo que falta mejorar?
AF: Es verdad, la comunidad está bastante bien. No hay necesidad de salir a mendigar como otros pueblos. Esto se debe al trabajo de los caciques anteriores que lograron los títulos de propiedad comunitaria, la luz y la vivienda. Eso no se hace hablando ni sentado en la comunidad, sino saliendo y dialogando con el Gobierno. No es que vienen de afuera a preguntarnos. Debe haber un interés de nuestra parte.

DP: Si les hace falta una vivienda, ¿qué acciones realizan?
AF: Primero intentamos solucionarlo entre nosotros. Pero es difícil porque podés cortar la madera, pero necesitás una motosierra. Y tenés que saber cortar. También necesitás combustible. Una vez hice una casa solo, pero sale más caro de lo que imaginás, más allá de que tengamos la materia prima en el monte.

DP: ¿Cómo es la relación con otros pueblos guaraníes?
AF: En la provincia de Misiones hay más de 105 comunidades guaraníes y hay muy buena relación. Nos conocemos entre todos. También hay contactos con los qom y los wichí.

DP: En la comunidad se nota una gran difusión de contenidos por la televisión e internet, ¿esto representa una problemática para la permanencia de la cultura guaraní?
AF: Yo creo que los chicos guaraníes tienen el mismo derecho que otros a acceder a internet, computadoras o netbooks. Para mí no tendría que ser un problema.

DP: ¿Cuáles son los desafíos que tiene la comunidad de cara al futuro?
AF: En primer lugar, que los chicos puedan terminar sus estudios y vuelvan a Tamandua. Como médicos, abogados o una profesión que aporte a la comunidad. Es una demanda. Yo quiero que la comunidad tenga fuentes de trabajo. Que no sea creadora de mano de obra para otros, sino para nosotros mismos. Pero para eso tenemos que estar preparados.

Frente al jardín maternal y la vieja escuela, se construye también un playón deportivo para los chicos que se suma a una cancha de 11.

31 marzo 2015

“Es difícil cuando los chicos se van a estudiar a la ciudad”

Sabina Duarte nació hace 40 años en la comunidad guaraní de Tamandua y vivió los principales cambios: desde la llegada del agua y la luz, hasta las nuevas tecnologías. Es Promotora de Salud, tiene siete hijos y aún hace las artesanías que le enseñó la mamá. Se queja de que los chicos ya no quieren trabajar como antes y cuenta que sufre cuando se van a estudiar la escuela secundaria a la ciudad.

"Aprendí a hacer artesanías viendo y ayudando a mi mamá. Ella hacía para vender. Sé hacer canastos, pulseras, anillos y collares."

Diarios de un Principito: ¿Cambió mucho Tamandua?
Sabina Duarte: Bastante. Cuando yo era chica todas las familias trabajaban la tierra. Eso cambió mucho. Ahora hay mucha ayuda económica del Gobierno. Con ese poquito que dan parece que está bien. Eso por un lado es lindo, pero por el otro no porque parece que la gente ya no quiere trabajar. Eso me preocupa un poco. Porque a mí me gustaría enseñar a hacer artesanías y los chicos no se interesan.

DP: ¿Cómo aprendió?
SD: Viendo y ayudando a mi mamá. Ella hacía para vender. Sé hacer canastos, pulseras, anillos y collares. Y también forro termos y mates.

DP: ¿Cuesta mantener la identidad guaraní con la televisión e internet?
SD: Se mantiene igual. Eso nunca se va a perder. Los chicos aprenden a hablar en guaraní.

DP: ¿Cómo aprendió español?
SD: Cuando fui a la escuela. En esa época ni televisión teníamos.

DP: Siendo madre de siete hijos, ¿cómo es la crianza de los chicos en la comunidad?
SD: Es difícil cuando se van a estudiar a la ciudad. Me costó mucho cuando se fueron por primera vez. Yo nunca pensé que tenía que ser así, pero no hay otra. Quedándose en la comunidad no van a aprender porque no hay colegio. Tienen que ir nomás.

DP: ¿Qué piensa del uso de la tecnología?
SD: Por un lado está bien que ellos aprendan, pero por otro lado algunos chicos la usan demasiado. A mí no me gusta. Y me da miedo a veces porque descubren muchas cosas sin que nosotros sepamos.

DP: ¿Qué otros cambios observa entre la actualidad y su infancia?
SD: Son más vagos ahora. Estudian, pero no quieren hacer nada más en la casa. Yo ayudaba mucho a mí mamá. A la mañana iba a la escuela y a la tarde, sin problemas, teníamos que ir a la chacra. Nosotros mismos ya les damos muchos gustos a ellos.

DP: No se ven muchas chacras en la comunidad.
SD: Antes cada familia tenía la suya. Plantábamos sandía o choclo y después compartíamos entre todos. Se intercambiaba. Y eso se perdió. Eso me da un poco de tristeza. Todo el mundo compartía. Mientras unos iban secando el maíz, otros recién lo iban cosechando y se lo iban pasando de a poquito.

DP: ¿Por qué cree que se fue perdiendo?
SD: Antes plantábamos para consumo propio y no para vender como ahora. Yo sigo teniendo gallinas y frutas.

"Es difícil cuando se van a estudiar a la ciudad. Me costó mucho cuando se fueron por primera vez. Yo nunca pensé que tenía
que ser así, pero no hay otra. Quedándose en la comunidad no van a aprender porque no hay colegio. Tienen que ir nomás".

DP: Es más fácil la vida ahora que antes, ¿verdad?
SD: Por eso seguramente también los chicos ya no necesitan ayudar ya. Porque encuentran fácil la comida, encuentran fácil la ropa. Parece que no tienen la necesidad de trabajar. Antes yo ayudaba a mí mamá porque sabíamos que si vendía algo, nosotros también obteníamos algo. 

DP: Y ahora casi todas las familias tienen lavarropas.
SD: Yo me fui durante muchos años a lavar ropa en el arroyo. Donde están las piedras hay un lugar playo para lavar. Es muy cansador el estar sentado y lavar. Con el lavarropas es más fácil. La tecnología ayuda.

DP: ¿Cómo comenzó a ser promotora de Salud?
SD: Tuve que hacer cursos en distintos pueblos a través del Ministerio para aprender a curar heridas, atender cuando uno está enfermo, vacunar o poner inyecciones.

DP: ¿Y por qué quiso ser promotora?
SD: Yo no quería. Me pidió el cacique. No me preguntó si me gustaría. Simplemente, cuando salió el programa de empleos, me dijo: “Te vamos a ayudar para que seas promotora”.

DP: ¿Por cumplir esta función le pagan?
SD: Antes cobrábamos cada seis meses. Ahora todos los meses.

DP: ¿Tiene que cumplir un horario?
SD: No, es todos los días y a cualquier hora. Si hay cosas para hacer, tenemos que trabajar por más que sea domingo.

DP: ¿Cuáles son las principales enfermedades que tienen los chicos?
SD: Gripe en invierno y diarreas en verano. Y dolor de oídos a causa del arroyo.

DP: ¿Cómo se cubren los medicamentos?
SD: Los remedios nos los da el Gobierno. Pero necesitamos más antifebriles y analgésicos. Gasas siempre faltan y de alcohol ahora sólo me queda un frasquito.

DP: ¿Cuál es el principal problema que tiene la comunidad?
SD: La movilidad (NdeR: la ciudad queda a 14 kilómetros y es camino es de tierra). Cuando hay enfermos o emergencias, por más que llamemos a la ambulancia del pueblo, no viene. Tenemos una movilidad exclusiva, pero sólo para traer a los médicos. Pero para venir a buscar a enfermos tienen que autorizarlo desde Posadas y eso tarda mucho. Por suerte, hasta el momento, no ocurrió nada grave.


"Los chicos no necesitan ayudar ya. Porque encuentran fácil la comida, encuentran fácil la ropa. Parece que no tienen la
necesidad de trabajar. Antes yo ayudaba a mi mamá porque sabíamos que si vendía algo, nosotros también obteníamos algo".